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miércoles, 7 de diciembre de 2011

HAIKUS



Adivinanza.
Unos ojos miran hojas:
Antes de cerrarse, son amarillas
Cuando vuelven a abrirse, están verdes…
¿Acaso el pestañeo dio lugar al sueño?
¿Cuánto tiempo desatendieron a la Naturaleza?

A veces el cielo olvida la línea del horizonte
Y quiere ser campo de maíz
¿Cuándo querrá la tierra ser nube?

¿Dónde quedó la lágrima?
Todo es mar… como una profecía…
Noé quiso ser Abraham y soñar con el diluvio.

Un árbol agoniza desde abajo
Mientras lucha por huir de la muerte creciendo hacia arriba
¿Qué eran raíces y qué eran ramas?

Una bandada de pájaros negros en el cielo
Presume de ser más perfecta que un lienzo de Van Gogh
¿Quién disparó en el aire? ¿Dios? ¡No! Un campesino


 
 

HUMORADA

Hay quien se levanta con el pie izquierdo
Hay quien no hace nada a derechas
Hay quien se encuentra descentrado…

Yo hace ya años que me levanto con las manos
Que lo que hago siempre va hacia atrás o se retrasa
¡Nunca viví en el centro! (Me gustan los arrabales)

Ahora: Si hay que resaltar algo digno de mención
Es mi habilidad innata para cazar gamusinos y musarañas
Fue tal vez aquella profesora la que me lo descubrió
Una mañana de clase de lengua. Su pregunta fue certera:
“¿En qué piensas? ¿En el sexo de los ángeles?”
Tardé en contestarla. Fue después del vuelo de aquella mosca

También sé concentrarme. Es entonces cuando dicen que hablo
Pero he pensado en tantas cosas para entonces
Que las ideas se atoran a la salida de la boca…
De niño, por lo menos, tartamudeaba.
(Ejercicio, desde luego, mucho más coherente que el hablar sin decir nada)

Ahora, me podréis encontrar recogiendo margaritas en el campo
Porque ya no me encuentro para esos trotes sino para estos
Solamente el día que lleve la contraria a las flores volveré entre vosotros
Porque me he cansado ya de discutir sin que me entiendan…

viernes, 25 de noviembre de 2011

UNOS CUANTOS INGREDIENTES POEMÁTICOS (Revisado y corregido)

“P”: Una “I” que aguza el oído.
“T”: Una cruz que ha perdido la cabeza.
Entre la “P” y la “T”, una -P-uer-T-a.
Tras ella, un escritorio.
En él, dos “P” y dos “T”:
-P-a-P-el  
-T-in-T-a.
La pregunta es: ¿Cuándo comenzaré a escribir?
¿Cuándo pensar la primera letra? ¿Cuándo deducir la palabra?
Me amenazan las dos “N”: -N-u-N-ca.
Cuando estoy con alguien, porque estoy con alguien.
Cuando alguien me deja, porque alguien me deja.
Cuando sonrío al espejo, porque sonrío al espejo.
Cuando el espejo se ríe de mí, porque el espejo se ríe de mí.
Nunca escribiré… o siempre estaré escribiendo.
Mi palabra no vale nada. Yo la inventé para que me mintiera
Inventé el fantasma para que me asustase
Era un pacto tramposo… Él se fió de mí, con su sábana espectral
Y yo, fingiendo ser cobarde, le derroté traicionándole.
Él no sabía que yo iba a rebelarme… Solo cumplía con su trabajo de asustador.
…Creo que ya no querrá volver a ser contratado por mí… le debo de dar miedo.
¡Había escrito sobre su tela de muerto viviente porque era blanca
Y yo no quería seguir estando en blanco!
¿Tan difícil es explicarle a un fantasma esto?

martes, 22 de noviembre de 2011

UNOS CUANTOS INGREDIENTES POEMÁTICOS


“P”: Una “I” que aguza el oído.
“T”: Una cruz que ha perdido la cabeza.
Entre la “P” y la “T”, una -P-uer-T-a.
Tras ella, un escritorio.
En él, dos “P” y dos “T”:
-P-a-P-el   
-T-in-T-a.
La pregunta es: ¿Cuándo comenzaré a escribir?
¿Cuándo pensar la primera letra? ¿Cuándo deducir la palabra?
¿Cuándo representar el código grafológico?
Me amenazan las dos “N”: -N-u-N-ca.
Cuando estoy con alguien, porque estoy con alguien.
Cuando alguien me deja, porque alguien me deja.
Cuando sonrío al espejo, porque sonrío al espejo.
Cuando el espejo se ríe de mí, porque el espejo se ríe de mí.
Nunca escribiré… o siempre estaré escribiendo.
Mi palabra no vale nada. Yo la inventé para que me mintiera
Inventé el fantasma para que me asustase, me atenazara en la quietud
Era un pacto tramposo… Él se fió de mí, con su sábana espectral
Y yo, entonces, fingiendo ser cobarde, finalmente le derroté, traicionándole.
Él no sabía que yo iba a rebelarme… Solo cumplía con su trabajo de asustador.
…Creo que ya no querrá volver a ser contratado por mí… le debo de dar miedo.
¡Había escrito sobre su tela de muerto viviente solo porque era blanca!
Una vez perdido el miedo a la página en blanco
desaparece el temor hacia quien habita el Castillo de Canterville.

viernes, 4 de noviembre de 2011

PENSAMIENTO CONTÍNUO


Palabra sobre palabra
Formando torreones gramaticales
Habla que te habla
El hombre gordo tras el pupitre

No sé qué hago en esta conferencia
Solo sé que la he seguido
Esperando poderla decir
Un gran número de cosas…

Ahora no recuerdo concretamente cuales
Porque siempre nos quedamos con ganas
De expresar ideas que a su vez reprimimos
Y es ahora cuando sé que no sabría que decir
Y cuando más ganas tengo de hablarla

Soy egoísta, no me interesa en absoluto
Lo que estoy escuchando, quiero que acabe

Después, no quiero encontrarme con amigos
Solo quiero dirigirme a ella ¡deseo que estemos solos!

Escucho al que habla
Estoy en una conferencia
Desearía estar sentado junto a ella
En un sofá… y no tras ella en una silla
Soportando el calor de amigos y desconocidos
Detesto esperar, detesto la educación y la cortesía
Siento vergüenza, tal vez lo que vaya a hacer no está bien
Ya he hecho más de una vez el ridículo… una vez más sería demasiado
¡Me gustaría veros en mi situación, vosotros  que os hacéis llamar “oyentes”!
¡Lo que no me dejáis hacer es mucho más importante que lo que os permito!

Cuando, por fin, aquello dio a su fin
Cuando la conferencia expiró
Cuando los oyentes aplaudieron
- Más desconocidos que amigos, por cierto -
Ella se levantó la primera de todos
Y, subiéndose al estrado, besó al hombre gordo
Y yo, me dediqué en voz alta lo siguiente: “¡Imbécil!”

4 – 11 – 11

SONETO DE LOS QUE SE EXTRAÑARON Y AHORA SON EXTRAÑOS



Estando el ser que se desea ausente
Todo parece que queda trazado
En un mapa de recuerdos presentes
Que a Penélope han mal desfigurado

Aquí todo pasa más lento que allí
Porque, para el que espera, todo está igual
En cambio, para quien se fue por ahí
Todo lo distinto le ha hecho olvidar 

El regreso, el reencuentro, el recuento
Los cuerpos que rompen su barnizado
mostrando colores vivos de muerto
De un todo que ahora son trozos rayados

¿Quién te ha visto y quién te ve? ¡El que me miró!
Ahora es ciego y, aunque no mudo, sordo
¿Fue el deseo, ese, quien primero expiró?
Tal vez huyó el aire del suspiro hondo

Dos cadáveres buscan su espíritu
Unas palabras, la identidad: “Yo” y “tú”

1 – 11 - 11

CON “CH” DE HORCHATA


En la noche oscura acechaba
Un chófer maltrecho
fuera de algo, que era
más que un coche, un cacharro
Llevaba allí desde antes de las ocho
Escuchando, echado hacia delante
Oculto tras un chopo
El sonido de corchos de champanes
Salir descorchados a troche y moche
Difícilmente de botellas de cuello estrecho
Allá no muy lejos, en un rancho chico.

Sopló una racha de aire
Acompañada de un chispeo
De agua, que luego cayó a chorros
Y, al poco, todo eran charcos.
El chófer acabó chapoteando
Olvidando sus chanchullos
Y pronto olvidó porqué estaba allí
Escuchando aquellos chismes
Que eran, casi, chascarrillos.

Debía informar lo que escuchaba
A través del teléfono pinchado
Pero la conexión era tan chusca
Que lo que eran ruidos de corchos
Parecían más bien sonido de chinchetas
Lo cual, no dejaba de resultar chocante
A pesar de que todo era una chapuza

Los invitados bailaban ahora una chacona
Torpemente, como si calzaran chanclas
Y las entrechocaran…
¡Tan empachados y achispados andaban
Del champán y de la chanza 
Y, después, se escuchó “El choclo”
“Chan-chan” hacía el tango de boliche
Con “chés” de un Gardel tronchante

El chófer que hacía de encapuchado
Echó a perder el chollo del chanchullo
Y, dándole igual, le dio por chochear
Y entrar en el rancho, con el enemigo gaucho
Tenía hambre, y aunque allí solo había trucha
y salsa sin chipirones, gritó tan pancho
Que quería, por capricho, chocolate con churros

Los allí presentes estuvieron con él charlando
Y les cayó bien, y también a él ellos
Y de nuevo entrechocaron las copas
Y chismorrearon, hasta el final de la noche.

17 – 10 - 11    

REMOTAMENTE CERCANO


Soy lo que fui por aquel pasado presente
Un tiempo donde pastar sobre recuerdos
Allí, incansable, miraba techos sosegadamente
Buscando, reflejado en ellos, la luz inexistente
De un patio que nunca tuve. Y, aunque descalzo
Siempre, nunca toqué la tierra, ni el limonero…
En aquella casa fría, toda hecha de pasillos
Anhelé el terreno soleado, siendo mis exigencias tales
Que hasta tibia, se me hacía, la atención de una madre

Perdido en aquella laberíntica guarida
elevada sobre un sexto piso
abría mis brazos, confiándome a la aventura
Esperando que, al final del camino,
se me abriera una nueva puerta
y era ajeno a todo lo que ocurría fuera
incluso saliendo de la propia casa.
Todo se traducía en la palabra “juego”

Es ahora, cuando aquellas paredes
Parecen, mostrándose sin miedo alguno
Grietas húmedas, blancas casi grises
Cuando mejor las veo, dentro de un cuerpo
De más de siete y menos de veintisiete
¡Inexistentes, tapiadas por otras ya verdes!
La frescura dio paso, tan de repente
A una memoria oscurecida por negro humo
Que parece que el techo cede al peso del cielo
Y llega la noche, y ahora la veo más blanca que nunca
Como la nieve pura, no mancillada por mi cuerpo

Allí quedó mi infancia
Allí nunca llegará mi ser adulto
Solo puedo pensar en ello
Nunca tocarlo, nunca ya, puedo.
Pero los juguetes permanecen
Y me miran, desde arriba de un mueble
Desafiantes… en esta nueva casa
Y soy yo quien ahora tocarlos no quiere
Prefiero ver las cosas a distancia
Así fue, es, y será siempre.

                                                                                        15 – 10 - 11